En las últimas semanas el sector industrial atraviesa uno de sus momentos más delicados, y la industria cervecera parece que no está al margen de lo que ocurre en el país. La señal llegó desde la planta que Cervecería Quilmes posee en Zárate, provincia de Buenos Aires. Allí la compañía inició un proceso de reducción de personal que podría dejar afuera a casi la mitad de su actual dotación. La medida se instrumenta mediante un programa de retiros voluntarios que apunta a unos 60 trabajadores en una fábrica que hoy cuenta con 140 empleados y que llegó a tener 260 cuando fue inaugurada en 2020.
La planta había sido presentada como una inversión estratégica -de unos $5.000 millones de aquel entonces- para producir en el país la tradicional cerveza mexicana Corona. Sin embargo, cuatro años después el escenario cambió drásticamente. Desde el sector sindical aseguran que la caída del consumo rondó el 45% durante el último año y que la apertura de importaciones impactó de lleno en el mercado local.
Un informe del Centro de Investigación en Negocios y Exportación (Cien), elaborado con datos del Indec, señala que la importación de cervezas creció un 293% en el primer trimestre de 2025. En paralelo, la molienda e industrialización de cebada cervecera registró una baja cercana al 17%, reflejando el freno de la actividad.
El referente gremial en la planta, Horacio Romero, advirtió que el acuerdo de retiros voluntarios se firmó ante la posibilidad de una paralización mayor. De los tres turnos que funcionaban quedará activo solo uno, concentrado en la línea de vidrio no retornable. "La idea es mantener el envasado con una dotación más acotada", explicó.
Aunque el ajuste se concentra en Zárate, en Corrientes el caso no pasa inadvertido. La provincia, que vive situaciones de incertidumbre en otros sectores industriales, observa con inquietud cada señal de retracción productiva. La combinación de consumo en baja, apertura importadora y reducción de costos empresariales alimenta temores sobre el futuro del empleo formal.
En un contexto económico frágil, el caso de Quilmes vuelve a poner en debate la sustentabilidad de las inversiones industriales y la estabilidad laboral. Lo que hoy ocurre en Zárate resuena más allá de sus límites geográficos y refuerza una preocupación compartida: qué horizonte les aguarda a los trabajadores si la tendencia no se revierte.