
Suena el despertador, agarras el celular. Un nuevo día está comenzando y tenés que levantarte para empezar con tus tareas cotidianas. Al primer movimiento para salir de la cama, ya lo sentís: la espalda cargada, el cuello duro, las piernas pesadas.
Automáticamente lo más probable es que te aparezcan pensamientos como alguno de estos:
“¿Por qué me levanto cansada si dormí?”
“¿Por qué siento que no tengo energía para nada?”
“¿Por qué cada vez me cuesta más moverme?”
“¿En qué momento mi cuerpo llegó a esto?”
“¿Por qué me duele todo ni bien me levanto?”
Es frustrante, confuso, y hasta puede causarte cierto temor.
Porque sabes que el tiempo pasa, pero en tu cabeza, el dolor debería venir del esfuerzo… no de la falta de él.
Pero el cuerpo no funciona así.
El problema no es que te estés exigiendo demasiado.
El problema es que te estás moviendo menos de lo que tu cuerpo necesita para funcionar bien.
Cuando el cuerpo deja de moverse:
-Las articulaciones pierden movilidad
-Los músculos y huesos pierden fuerza y se debilitan
-La circulación empeora
-La energía baja
-Los pensamientos no fluyen y la cabeza te empieza a jugar en contra
En ese contexto, aunque tengas una buena dieta o un descanso correcto, no son suficientes, y le das lugar a la rigidez, el dolor y el cansancio acumulado.
A eso sumale que evitas cualquier esfuerzo diario y sumas malas posturas (casi siempre sin darte cuenta), que de manera sostenida, te dan la combinación perfecta para sentirte cada vez peor.
Ahora, la pregunta que surge es, ¿qué es lo que podes hacer para salir de esta situación, de manera que pueda ser lograble y sostenible en el tiempo?
No necesitás empezar “a entrenar fuerte” ni “todos los días”.
Necesitás volver a moverte de forma progresiva y consciente.
Empezá con algo simple:
-Mové el cuerpo apenas te levantás (aunque sean 5 minutos)
-Caminá todos los días, aunque sea poco
-Cortá los momentos largos de quietud
-Buscá un lugar que puedas volver a sentirte guiada y contenida
-No es un cambio drástico.
Es un cambio de dirección.
Y eso, sostenido en el tiempo, hace toda la diferencia.
“Quien tiene salud, tiene esperanza; y quien tiene esperanza, lo tiene todo.” — Thomas Carlyle