En la solemnidad de la Anunciación a la Virgen María, el obispo de Goya, monseñor Adolfo Canecin, presidió la misa en la parroquia San Pedro de Perugorría, donde dio gracias a Dios por un triple acontecimiento: su cumpleaños, el aniversario de su ordenación sacerdotal y de su consagración episcopal.




Participo una nutrida delegación de familiares y amigos llegados desde la provincia de Formosa, tierra natal del obispo, entre ellos integrantes de un grupo juvenil de la década del 70.
Concelebraron el vicario general de la diócesis, presbítero Juan Carlos Mendoza; el párroco presbítero Rubén Cattay; el presbítero Andrés Solís, de la parroquia Nuestra Señora de Fátima, junto a diáconos de la diócesis.
HOMILIA
En su homilía, monseñor Canecin subrayó la centralidad de la Eucaristía en la vida cristiana: "La misa es el misterio central de nuestra fe; es el 'caracú', lo más profundo y sustancioso, que nos hace contemporáneos del misterio pascual de Jesucristo", afirmó.
Al reflexionar sobre el misterio de la Encarnación, el obispo destacó la iniciativa amorosa de Dios que, en su pedagogía, eligió a María para hacerse presente en la historia.
"Dios propone, nunca impone; espera nuestra respuesta libre", expresó, señalando en la Virgen un modelo de fe "incondicional".
Evocó palabras del Papa Francisco al recordar que "Dios nos ´primerea´ siempre", e invitó a los fieles a dejarse amar por Él y a responder con generosidad.
El obispo citó una conocida canción del padre Julián Zini, que resalta la dimensión comunitaria del misterio trinitario: "Dios es familia, Dios-Amor, Dios-Trinidad... somos su comunidad", como expresión de una Iglesia llamada a vivir la fraternidad y la comunión.
Monseñor Canecin animó a los presentes a asumir el desafío pastoral de "ponerse de acuerdo con Dios", teniendo como prioridad la centralidad de Jesucristo, eje del plan pastoral diocesano, y a crecer cada día en una actitud semejante a la de María, en el pensar, sentir y actuar. -