En un escenario marcado por la persistente debilidad del mercado interno, las ventas minoristas de las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes) registraron una caída del 3,2 por ciento interanual en abril, medidas a precios constantes. De acuerdo con el relevamiento mensual realizado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), la actividad comercial también evidenció un retroceso del 1,3 por ciento frente a marzo en la medición desestacionalizada. De esta forma, la crisis de consumo profundiza su tendencia negativa, marcando una contracción acumulada del 3,5 por ciento en lo que va del año.

RUBROS CON CAÍDAS
El impacto de la crisis golpea con fuerza a sectores clave como Alimentos y bebidas, que experimentó una caída del 3,1 por ciento interanual y un leve retroceso del 0,3 por ciento frente al mes de marzo. La evolución negativa en este rubro indispensable se explica directamente por la contracción del ingreso disponible de las familias frente a la inflación acumulada, a lo que se suma el fuerte incremento de los costos fijos operativos de los comercios, especialmente en tarifas de servicios y alquileres. El informe subraya un cambio rotundo en los hábitos de consumo: los clientes han migrado masivamente hacia las segundas marcas y redujeron drásticamente el volumen físico comprado por ticket, optando por el abastecimiento diario y la compra fraccionada para no exceder el presupuesto. Hoy en día, las promociones bancarias y los descuentos por pago en efectivo son la única herramienta que sostiene el nivel de ventas.
El rubro de Bazar, decoración, textiles de hogar y muebles fue el que sufrió el desplome más pronunciado durante el cuarto mes del año, con un derrumbe del 12,3 por ciento en su comparación interanual y una baja del 1,8 por ciento respecto al mes anterior. En este caso, la contracción se fundamenta en el encarecimiento del crédito y la falta de cuotas accesibles, lo que llevó a los consumidores a cancelar o postergar indefinidamente la renovación de mobiliario o la decoración del hogar. Además, los comerciantes del sector reportaron un fuerte impacto por la pérdida de rentabilidad frente al aumento de las cargas impositivas y una inclinación del público a adquirir exclusivamente bienes de uso básico y de bajo valor unitario.
Una dinámica similar arrastró al sector de Perfumería, cuyas ventas se contrajeron un 7,2 por ciento frente a abril del año pasado y un 2,4 por ciento en la medición intermensual. La caída en los mostradores obedece a que gran parte de estos artículos comenzaron a ser catalogados como bienes prescindibles o suntuarios por las familias. Ante los fuertes incrementos de precios en los insumos, los clientes espaciaron la reposición de fragancias y cosméticos, volcándose hacia marcas alternativas más económicas o directamente optando por envases de menor tamaño para abaratar el costo final.
La recesión también paralizó la actividad en el rubro de Ferretería, materiales eléctricos y de la construcción, que presentó una disminución del 4,2 por ciento interanual y una caída del 2,5 por ciento en relación a marzo. El freno en la obra privada de pequeña escala y en las remodelaciones domésticas es el factor principal que explica esta retracción. Los corralones y ferreterías advierten que el consumo de los hogares quedó limitado de manera estricta a reparaciones de emergencia y al mantenimiento básico que resulta imposible de postergar, dejando de lado cualquier tipo de mejora edilicia.
Por su parte, el sector de Textil e indumentaria registró una baja del 3,7 por ciento en la comparación con el mismo mes del año previo, mientras que su desempeño intermensual mostró un descenso del 1,3 por ciento. A pesar del cambio de temporada, que históricamente impulsa las ventas de otoño-invierno, el rubro se vio paralizado por los nuevos precios de las vidrieras y las restricciones en los límites de financiamiento de las tarjetas de crédito. Frente a este panorama, las familias deciden estirar la vida útil de sus prendas y solo compran lo indispensable para reponer el guardarropa de uso diario.
En sintonía con el recorte de gastos en indumentaria, el rubro de Calzado y marroquinería experimentó una merma del 0,5 por ciento respecto al año pasado y una baja del 0,8 por ciento en la medición intermensual. La falta de liquidez generó un fenómeno particular destacado por los propios comerciantes: ante la imposibilidad de comprar zapatos o zapatillas nuevas, se disparó la tendencia de enviar a reparar el calzado usado. Las pocas ventas que se concretan responden a compras de necesidad inmediata que no admiten dilaciones.
BUEN MES ESTACIONAL
Como única contrapartida en un mapa comercial teñido de rojo, el segmento de Farmacia se posicionó como la excepción del mes al registrar un crecimiento del 6,1 por ciento interanual y una mejora del 1,8 por ciento en la comparación intermensual. Según detalla el informe técnico, este comportamiento positivo no refleja un alivio económico, sino que fue traccionado por la naturaleza inelástica de los medicamentos como bien de primera necesidad. El repunte estuvo fuertemente impulsado por factores estacionales, destacándose el inicio anticipado de las campañas de vacunación y una mayor demanda generada por la circulación temprana de cuadros respiratorios.
PANORAMA
Finalmente, el relevamiento de la Came advierte sobre la profunda cautela y el pesimismo que prima en el sector comercial. Actualmente, el 53,3 por ciento de los propietarios señala que su situación se mantuvo estable respecto al año pasado, mientras que el 39,6 por ciento percibe un empeoramiento y apenas un 7,1 por ciento nota mejoras. Las proyecciones no alientan la toma de riesgos: de cara a los próximos 12 meses, el 49 por ciento de los encuestados prevé que la recesión seguirá igual y un 13,8 por ciento proyecta un escenario aún peor. En consecuencia, la incertidumbre frena en seco cualquier proyecto de expansión, llevando a que el 58,7 por ciento de los empresarios considere que el contexto no es oportuno para realizar nuevas inversiones.