Desde el club Deportivo Santa Catalina en Jujuy a 3.770 metros sobre el nivel del mar, hasta el más austral, el Ushuaia Rugby Club de Tierra del Fuego, nuestro país está atravesado por estas organizaciones que forman una red que contiene a millones de personas.

Este entramado social, característico de nuestro país, y casi unico en el mundo, nació como respuesta a la necesidad de socializacion de los inmigrantes. Esta suma de voluntades generó un proyecto en común.
Y así se fue construyendo una identidad, la de los CLUBES DE BARRIO, donde soñadores y luchadores natos levantaron no sólo estructuras de cemento, sino construyeron una forma de vida. El club como segunda casa, educador junto a la escuela, formando personas en valores como respeto, compañerismo, perseverancia, superacion, empatia, solidaridad, trabajo en equipo y sentido de pertenencia.
Se fundaron en gran parte en las décadas del 30 al 50. Fueron furor entre los 60 y 80. Bailes, rifas, bonos, kermeses, y comisiones directivas comprometidas, concretaron obras tan ansiadas como muros perimetrales, tribunas, baños, vestuarios, hasta el techado de los estadios. El punto de encuentro por excelencia era el club, los chicos en la cancha y los socios y mayores en la cantina, comedor o en las bochas. Con la llegada de la globalización muchos clubes empezaron a sufrir los embates de la economía y de la cultura del consumo y del individualismo. El tiempo de permanencia se achicó. Los 2000 los encontró a muchos con las puertas cerradas, con órdenes de remate o siendo alquilados por cadenas de gimnasios por ejemplo.
Hubo un cambio cultural, aparecen muchas actividades deportivas nuevas, que no se practican en los clubes, perdiendo deportistas y socios. Los que pudieron, se fueron adecuando y sumaron mas disciplinas en su organigrama.
Mantener semejantes estructuras y con ingresos flacos, hizo que aparezca un nuevo actor, el Estado, en cualquiera de sus niveles. Se reedita la idea del estado presente de mitad de siglo XX. La red de contención no puede romperse.
La sociedad vuelve de a poco a creer en los clubes. Vuelven a resurgir estructuras dormidas y la dinámica diaria empieza a funcionar nuevamente. Hasta que llegó la pandemia, que nos enseño que estamos de paso, y con el fin del aislamiento, vivimos épocas de canchas llenas, volvimos a revalorizar.
Estos últimos años el costo operativo subió exponencialmente, y se prendieron las alarmas.
En cuanto al apoyo del sector público y privado, las realidades son distintas según las zonas geograficas.
La situación económica actual golpea a todos los clubes, y las estrategias para generar recursos están a la orden del día.
Hay que seguir apostando, que la pelota siga girando, para que la red de contención no se rompa. No nos podemos permitir rendirnos. El club no es gasto, es inversión, es construcción colectiva, no individual.
De los clubes salimos ganando todos, el deporte fue el vector que llevo a muchos jóvenes a conseguir un trabajo, a estudiar y ser profesionales, de acá salen los deportistas que nos representan en las olimpiadas y mundiales, que nos motivan a cantar el himno con orgullo. En los clubes se podría decir, que también se hace Patria.
HOY MAS QUE NUNCA TU APOYO ES FUNDAMENTAL.
SEBASTIÁN ARRIOLA
PRESIDENTE UNION GOYA