NA - Un informe médico detalla las claves para identificar este subtipo de la Gripe A que suele confundirse con cuadros leves pero que golpea con mayor intensidad. Cuáles son los signos de alarma y por qué no automedicarse.

Buenos Aires, 21 enero (NA) -- Con los cambios bruscos de temperatura y la circulación viral estacional, las guardias médicas suelen recibir pacientes con fiebre alta, dolor de cuerpo extremo y tos persistente. Según un informe difundido por Apollo Hospitals, estos cuadros suelen corresponder al H3N2, un subtipo del virus de la influenza A que se diferencia del resfriado común por su aparición repentina y agresiva.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, el virus reaparece cíclicamente y muta ligeramente cada año, lo que facilita su propagación incluso entre personas que tuvieron gripe la temporada anterior. Comprender cómo actúa es clave para evitar complicaciones.
¿Qué es el H3N2?
La Influenza A es la categoría responsable de la mayoría de los brotes estacionales. El término H3N2 hace referencia a las dos proteínas de superficie que permiten al virus unirse a las células humanas: Hemaglutinina tipo 3 y Neuraminidasa tipo 2.
Un resultado positivo en un test de Influenza A no implica automáticamente gravedad, sino que detecta la presencia del virus. Sin embargo, su capacidad de contagio es alta, especialmente en escuelas, oficinas y transporte público.
Síntomas: la diferencia con un resfriado
La característica distintiva del H3N2 es que "golpea como una tormenta". A diferencia del resfriado, que comienza lentamente con estornudos, la gripe H3N2 presenta un inicio súbito:
Fiebre alta (entre 38°C y 39.5°C).
Dolores corporales intensos que dificultan el movimiento.
Escalofríos y fatiga extrema.
Tos seca persistente.
A diferencia del COVID-19, la pérdida de olfato y gusto es menos común en la gripe, mientras que el dolor corporal suele ser más severo en el H3N2.
Cómo se contagia y cronología de la enfermedad
El virus se propaga principalmente a través de gotitas respiratorias expulsadas al toser, estornudar o hablar. Una persona puede ser contagiosa un día antes de presentar síntomas y hasta 3 o 4 días después de la fiebre.
El ciclo típico de la enfermedad, según Apollo Hospitals, es:
Días 1-2 (Inicio): Fiebre repentina y malestar general.
Días 3-4 (Pico): La fase más difícil, con tos intensa y fatiga.
Días 5-6 (Mejora): La fiebre remite, pero persiste el cansancio.
Días 7-10 (Recuperación): El apetito vuelve, aunque la tos puede durar hasta dos semanas.
Tratamiento y prevención
La mayoría de los casos se resuelven con reposo, hidratación y paracetamol. Los expertos advierten enfáticamente contra el uso de antibióticos, ya que no son efectivos contra los virus.
Las medidas de prevención más eficaces incluyen:
Vacunación anual: Actualizada para las cepas circulantes.
Higiene: Lavado de manos frecuente y uso de mascarillas en lugares concurridos.
Ventilación: Mantener espacios aireados para dispersar las partículas virales.
Los grupos de riesgo (bebés, mayores de 65 años, embarazadas y personas con comorbilidades) deben buscar atención médica ante signos de alerta como dificultad para respirar o fiebre persistente por más de cuatro días.
#AgenciaNA