A poco de cumplirse once años de aquel hito fundacional que fue el primer #NiUnaMenos, la crueldad más descarnada vuelve a inscribirse sobre los cuerpos de nuestras niñas y adolescentes. Los brutales femicidios de Agostina Vega (14 años, en Córdoba) y Dulce María Beatriz Candia (17 años, en Misiones) no son hechos aislados; son la dolorosa constatación de una pedagogía de la violencia machista y la crueldad que se ensaña con las más jóvenes.

Ambos casos, precedidos por desapariciones y por la alarmante desidia de un Estado que llega tarde, exponen una estadística que desgarra el tejido social: el 22% de las menores de 17 años víctimas de femicidio fue previamente desaparecida y el 19% sufrió abusos sexuales (Observatorio Ahora Que Si Nos Ven). Este desamparo no es casual; se inscribe en un contexto de desmantelamiento deliberado de las políticas públicas de prevención, asistencia y acompañamiento a las víctimas de violencia de género a nivel nacional.
Este 3 de junio, bajo la consigna histórica "Vivas y Libres nos queremos", exigimos que los tres poderes del Estado actúen con la debida diligencia. No solo debemos desarmar las violencias tradicionales, sino también las mutaciones del patriarcado en la era digital. Por eso, desde nuestro partido seguimos impulsando las leyes Olimpia y Belén, y militando activamente la Ley Emma y la incorporación de su Guía en las escuelas secundarias, como herramientas urgentes de cuidado y reparación.
En nuestra ciudad, la violencia hacia las mujeres se recrudece y se naturaliza al amparo del silencio institucional, la deliberada omisión de la Educación Sexual Integral (ESI) en las aulas y la preocupante escasez de espacios públicos de contención. La realidad de Goya nos sacude: el Poder Judicial registra cerca de 1.200 casos de violencia de género anuales, donde el 94% de las víctimas son mujeres. Frente a esta geografía del dolor, el silencio es complicidad.
"La parálisis legislativa no es solo desidia técnica; es una decisión política que desprotege la vida."
Desde Nuevo Encuentro, junto a nuestra concejala Eladia Fernández, hacemos un llamado urgente a un diálogo institucional maduro, ético y responsable. No podemos normalizar la parálisis de una iniciativa clave que presentamos hace ya dos meses: la creación de la Comisión Permanente de Género y Derechos Humanos en el Concejo Deliberante. Este proyecto busca dotar al cuerpo de herramientas técnicas indispensables para: Auditar con perspectiva de género las políticas públicas locales; Crear un Observatorio Estadístico que ponga nombre y cifra a lo que se pretende invisibilizar; Activar un protocolo interno ante situaciones de violencia de género.
Convocamos a la ciudadanía a tejer redes de afecto, resistencia y cuidado. Necesitamos restablecer un pacto democrático que ponga en el centro la sostenibilidad de la vida: cuidar a quienes nos cuidan, y proteger activamente a nuestras niñas, adolescentes, jóvenes, madres, cuidadoras y jubiladas.
Frente a la crueldad que intenta disciplinarnos, oponemos la potencia de los lazos colectivos. Sabemos de luchas, conocemos la persistencia de nuestra historia y tenemos estrategias. Unamos nuestras luchas y nuestras fuerzas. Decimos BASTA.