
Se aproxima un nuevo mes, hace algún tiempo que no te movés, y vuelven esos pensamientos que te generan malestar y culpa. Sabés que tenés que retomar o empezar tu entrenamiento. De hecho, tomás nuevamente impulso y arrancás con ganas.
Empezás en un nuevo lugar con energía renovada. Decís “esta vez sí”. Vas algunos días, pero una vez más te vuelve a ocurrir… al poco tiempo dejás de ir.
Volvés a intentar en otro lugar, pero el ciclo se repite. Empezás y dejás rápidamente. Se genera un círculo vicioso del cual no sabes cómo salir.
Y lo peor no es el hecho de abandonar.
Es la sensación de volver a fallar.El problema no es tu falta de voluntad.
El problema es cómo lo estás abordando.
La mayoría comete los mismos errores:
Empieza demasiado fuerte
- Se exige más de lo que puede sostener
- Piensa a corto plazo en lugar de pensar en un cambio de hábitos
- No entiende bien qué está haciendo
- Lo hace solo “por obligación”
Y eso genera:
.Cansancio excesivo
.Frustración
.Sensación de “esto no es para mí”
Si no veo rápidamente los cambios, pienso “esto no sirve”La mayoría de las personas piensa a la actividad física como un sometimiento y lo visualizan además con resultados inmediatos y de corto plazo. Entrenar no debería sentirse como un castigo. Debería ser algo que puedas sostener en el tiempo. La mejor forma de pensar la actividad física es entendiendo que puede ser un disfrute, que toda la especie humana está diseñada para el movimiento y que debe incorporarse como un hábito más de vida, como lo es lavarse los dientes o bañarse.
Para eso necesitás:-Empezar de menos a más
-Encontrar un lugar seguro donde te sientas cómoda
-Entender lo que hacés
-Sentirte acompañada
-Exigirte según tu nivel
-Entender que la disciplina es más importante que la motivación
No se trata de hacer más. Se trata de hacerlo mejor.
“El éxito es la suma de pequeños esfuerzos repetidos día tras día.” — Robert Collier
Gastón Gabiassi
Atenas Club de Fitness