El problema es que las ganas y la motivación raramente llegan.
Y si llegan… duran poco.
La motivación es absolutamente inestable.
Depende del día, del ánimo, del cansancio.
Por claro, dependés completamente de ella, y allí radica el principal problema. Mientras eso sea así vas a ser siempre irregular e inconstante, y estas dos cosas son las que te alejan de los resultados.
Lo que realmente funciona es otra cosa y se llama disciplina y eso se arma en base a un sistema.
Ahora, ¿cómo se construye la disciplina? Te dejo las claves:
- Tener días y horarios definidos: esto te genera un compromiso el cual debes asumir.
- Tener un “hack mental” (trampita a tu cabeza) para los días que no tenes ganas: esos días vestite deportivo sin pensar demasiado. Luego pensá solo en que vas a salir de tu casa, ir hacia el lugar y hacer lo que puedas. En general una vez que saliste o estás ahí ya venciste ese momento inicial.
- Encontrar el lugar indicado: buscá un lugar donde el ambiente te invite a ir y te sientas a gusto con el entrenamiento, los profes y tus compañeros.
- Probá esto: Si aún te cuesta empezar, ponete al menos 3 o 4 días fijos para entrenar. Si fallas uno (que es normal) al menos hiciste 2 o 3.
- Por último: si algún día fallás, no te castigues. Simplemente enfocate en tu siguiente día de entrenamiento.
Eso construye hábito.
Y el hábito construye resultados.
Recordá:
Ese “poco entrenamiento” que hiciste hoy, es mejor que el que no hiciste.
Los días que menos ganas tenés de entrenar, son los que a la larga más te marcarán la diferencia en tus resultados.
“No te eleves al nivel de tus metas, cae al nivel de tus sistemas.” — James Clear