Un informe del IERAL proyecta el impacto de las lluvias e insinúa complicaciones por hongos y plagas en producciones clave como la yerba mate, el té, los cítricos, el trigo y los granos de verano.

La configuración meteorológica que se perfila para los próximos meses encendió las luces de alarma en el nordeste argentino.
Tras transitar un invierno inusualmente cálido que aceleró la brotación anticipada de diversas plantaciones, la región conformada por las provincias de Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa ingresa en una etapa crítica dominada por la irrupción del fenómeno de El Niño (ENOS).
De acuerdo con un exhaustivo análisis técnico elaborado por el Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL) de la Fundación Mediterránea, la conjunción de precipitaciones muy superiores a los promedios históricos y la amenaza latente de heladas tardías configura un escenario complejo que impone serios desafíos operativos y sanitarios para los esquemas agrícolas de la zona.

Las proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) y del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) coinciden en que, a diferencia de otros puntos del país, el NEA registrará durante el trimestre comprendido entre septiembre, octubre y noviembre una probabilidad dominante de precipitaciones que superarán en más de 50 milímetros la anomalía normal.Esta abundancia hídrica encuentra a los suelos regionales con niveles de saturación dispares pero elevados: Misiones exhibe un 90% de agua útil en todo su territorio, mientras que el noreste de Corrientes se ubica entre 70% y 80%.
Si bien la presencia de humedad alienta expectativas de rendimiento, la intensidad y frecuencia de los eventos puede transformarse en un obstáculo severo para las tareas de campo y el manejo sanitario.
Impacto diferencial y amenazas sanitarias
El informe del IERAL precisa que las consecuencias de la variabilidad climática no afectarán a todas las producciones por igual, dividiendo las contingencias en riesgos operativos y productivos.
En el caso de los cultivos perennes —emblemas económicos de la región como la yerba mate, el té y los cítricos—, el exceso de agua genera un doble frente de conflicto.
Por un lado, las lluvias torrenciales dificultan los accesos a las fincas y paralizan los esquemas de cosecha.
Por el otro, el contraste entre el brote temprano y eventuales descensos bruscos de temperatura abre la puerta al ataque de plagas y al desarrollo de hongos y enfermedades fitosanitarias, condiciones que podrían comprometer hasta un 30% de la masa foliar y la brotación.
Una dinámica similar golpea a las producciones de invierno, con el trigo a la cabeza.
Para este segmento, el IERAL advirtió sobre un elevado riesgo productivo caracterizado por pérdidas directas de rendimiento y un severo deterioro en la calidad comercial de los granos.
El exceso de humedad ambiente, sumado a las dificultades para ingresar a los lotes a realizar las pulverizaciones y aplicar tratamientos fungicidas a tiempo, incrementa la proliferación de patógenos que comprometen la sanidad de la espiga.
En contraste, los cultivos de verano como la soja, el maíz y el arroz presentan una perspectiva más favorable en términos de rendimiento agregado a largo plazo, ya que suelen resultar beneficiados por el aporte hídrico de El Niño.
No obstante, el reporte subraya que durante los meses de primavera enfrentarán un marcado riesgo operativo.
Los cuadros anegados y el barro provocarán demoras en la preparación de los suelos y retrasos en las fechas óptimas de siembra, condicionando el arranque de la campaña estival.

Logística territorial y labores de mitigación
Más allá de lo estrictamente agronómico, la viabilidad de la cosecha y la preservación de los márgenes económicos en el NEA quedarán fuertemente condicionadas por la infraestructura territorial.
La persistencia de tormentas intensas amenaza con la saturación y el deterioro rápido de la red caminera rural primaria, secundaria y terciaria, un entramado fundamental para el transporte de insumos y el fluido traslado de la producción hacia las plantas de procesamiento o los puertos de salida.
Frente a esta coyuntura, los investigadores del IERAL remarcan que la mitigación del impacto requerirá una articulación precisa entre el sector público y la iniciativa privada.
Para las administraciones provinciales y municipales, la prioridad inmediata pasa por intensificar el mantenimiento de los caminos rurales y ejecutar obras de limpieza en los cauces de ríos y arroyos que faciliten el escurrimiento rápido del agua y prevengan anegamientos prolongados en zonas bajas.
Por su parte, los productores deberán extremar el monitoreo diario de los lotes y adoptar estrategias preventivas de manejo integrado de plagas, optimizando los momentos de aplicación fitosanitaria para resguardar la sanidad de las plantaciones en un trimestre que demandará máxima cautela y planificación operativa.
Advierten sobre riesgos productivos y operativos para los cultivos
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