La Iglesia confirmó que el Sumo Pontífice pasará por Buenos Aires, Córdoba y Luján. También viajará a Uruguay y a Perú.

El papa León XIV confirmó que visitará la Argentina del 8 al 11 de noviembre. La noticia la anunció la Santa Sede, que la difundió luego de una fuerte expectativa tras el anuncio de su viaje a Perú, del 11 al 17 de noviembre.
León XIV realizará un Viaje Apostólico a Uruguay, Argentina y Perú del 6 al 17 de noviembre. El jefe de la Iglesia Católica aceptó la invitación de los respectivos Jefes de Estado y de las Autoridades eclesiásticas de esos países.
El papa visitará Montevideo, Paysandú y Florida del 6 al 8 de noviembre; Buenos Aires, Córdoba y Luján del 8 al 11 de noviembre; y Lima, Chiclayo, Cuzco y Pucallpa del 11 al 17 de noviembre.
El viaje a PerúEl jueves, el presidente interino de Perú, José María Balcázar, anunció que León XIV, que tiene nacionalidad peruana, llegará al país en la primera quincena de noviembre en una visita que duraría al menos ocho días.
“En la primera quincena de noviembre estará en Perú, llega a Lima” y luego irá a otras ciudades entre las que figura Chiclayo, donde el papa ejerció como obispo, declaró el presidente peruano a la radio RPP.
La visita del sumo pontífice está en preparación “y se está hablando de ocho a diez días de duración”, agregó el gobernante.
El papa León XIV nació en Chicago, Estados Unidos, pero se nacionalizó peruano en 2015. Robert Francis Prevost trabajó durante más de 20 años en ese país como misionero y obispo de Chiclayo.
Perú, con 34 millones de habitantes, es uno de los países más católicos de la región. Más del 80% de su población practica esa religión. Ha sido visitado por los papas Juan Pablo II (1985 y 1988) y Francisco (2018).
Entusiasmo de Milei por el viaje del papá
El presidente Javier Milei se viene mostrando muy entusiasmado con la posibilidad de que el papa León XIV visite el país, algo que no lograron ni Cristina Kirchner, ni Mauricio Macri, ni Alberto Fernández con el papa Francisco.
En perfecta sintonía con su jefe, el canciller Pablo Quirno le entregó en mano al pontífice hace un par de meses la carta de invitación de rigor, trámite que bien podría haber cumplido el embajador ante la Santa Sede. Hasta escribió días pasados un insólito tuit en el que “anticipa”, simpáticamente, la supuesta concreción de la visita antes de fin de año, causando perplejidad en la Secretaría de Estado del Vaticano, que es la que anuncia los viajes papales.
Tanto entusiasmo no se corresponde con la enorme brecha de muchas de las posturas que enarbola el presidente con las del catolicismo en general y de los últimos papas en particular. Con solo mencionar sus diferencias con la Doctrina Social de la Iglesia —como buen libertario— alcanza, comenzando por su rechazo al concepto de justicia social (aunque tiene una coincidencia no menor en la condena al aborto). Diferencias que fueron más manifiestas durante el papado de Francisco por el perfil del argentino, que lo llevaron a calificarlo de “comunista”.
En los últimos meses, Milei sumó otra diferencia no menor: su posición respecto de la utilización de la inteligencia artificial (IA). Sobre todo, su oposición a la regulación de la IA, como lo expuso en un reciente artículo en el diario británico Financial Times, al expresar su deseo de que el país se convierta en un polo de innovación tecnológica con mínima intervención estatal. Allí manifiesta su “compromiso” de no regularla “para que pueda desarrollarse libremente, sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”.
Su toma de posición —previsible— se produjo poco después de que el papa León XIV difundiera su primera encíclica, Magnifica Humanitas (Magnifica Humanidad), en la que ya en los primeros párrafos aboga por una regulación de la inteligencia artificial. “Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionados del poder tecnológico”, afirma. No obstante, aclara que “la cuestión no se limita a la regulación”, sino a otros aspectos como la educación.
León XIV es claro en cuanto a los beneficios y los riesgos tecnológicos. “La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la Casa Común, pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad, como tampoco es en sí misma un mal, pero no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza”. En definitiva, celebra los avances, pero alerta ante el peligro de la deshumanización.