

Para él, cruzar la ciudad no es un trámite de trabajo; es una misión de afecto. Le grita a todo el mundo, saluda al conocido, despierta al distraído y le arranca una carcajada al que va caminando con la cabeza gacha. Dicen que nadie lo vio triste jamás. Sin embargo, detrás de esa coraza de optimismo imbatible, hoy habita un silencio nuevo: hace muy poco tiempo partió su hermano, el inolvidable maestro de las telas y los pinceles, Rodolfo Insaurralde. Mientras el país entero llora al artista, "Insa" sigue acá, pintando sonrisas de vereda a vereda. Nos sentamos a charlar con el hombre que convirtió el saludo en un arte popular.
I. El Espejo del Personaje
— Ramón Cavalieri: Este espacio entrevista a personajes de Goya y en vos vive un personaje que todos conocemos. ¿Vos lo conocés? ¿Sabés por qué fuiste elegido?
— Insa: Hola, Ramón. Yo sé que fui elegido porque todo el día ando en la calle. La verdad es que la calle ya es parte de mi vida. Siempre que yo recuerdo a Goya, lo recuerdo con su gente. Muchos están muy tristes hoy en día porque toman la vida como si fuera todo malo; a mí, en cambio, me gusta pensar muchas cosas lindas. Todos tenemos problemas, pero es tan linda la vida... Saber que hoy estamos vivos ya es muy importante.
— RC: Muchos te llaman "El saludador de Goya". ¿Qué pensás al oír eso?
— Insa: Muchos amigos me dicen así. Y sí, la verdad es que yo saludo porque realmente conozco a muchas personas. Vivo en la calle, vivo trabajando tanto en Goya como en Esquina, Bella Vista, Saladas o Santa Lucía. El camino es parte de mí y de mi vida. Con mi trabajo, gracias a Dios que me dio mucho, puedo ir tranquilo. Y gracias también a tener esa sonrisa y saludarle a la gente, la gente me fue conociendo y a ellos también eso les da una alegría.
Pasa un vecino en bicicleta, frena, le grita un chiste y toca bocina. "Insa" interrumpe la frase, le devuelve el grito con una carcajada ensordecedora y levanta la mano. El aire de la vereda se llena de una energía difícil de explicar. Volvemos a la charla.
— RC: A muchos de nosotros nos cuesta muchísimo esbozar una sonrisa en el día a día, pero vos parece que la llevás dibujada en la cara. ¿Cómo hacés?
— Insa: ¿Cómo no vamos a tener una sonrisa si todos los días nos levantamos? Yo veo a mi mujer, veo a mis hijos que están bien, veo a mis nietos... Todo eso a mí me da una alegría grande. ¿Cómo no vamos a estar contentos? Hay gente que no es agradecida por las pocas cosas. Un día lindo te da alegría, pero un día de lluvia también, porque te ponés a mirar una película acostado. A mí me gusta hacer muchas cosas, me gusta andar, disfrutar de la casa. Cuando estoy en casa cocino, porque la verdad es que me encanta muchísimo la cocina; bueno, se disfruta de otra manera. Pero hay gente que está pensando solamente en lo malo. Yo miro lo bueno...
II. Las Grietas del Alma y el Legado de Rodolfo
El tono de la voz baja un escalón. La sonrisa de "Insa" no desaparece, pero sus ojos adquieren un brillo diferente, más profundo y nostálgico. Es el peso de la vida que golpea a todos
— RC: A una persona con tu carácter, que seguramente tiene, como todos, problemas y tristezas... ¿qué le significa la vida?
— Insa: La vida es así, la vida te va poniendo obstáculos, te va poniendo cosas en tu camino y vos siempre, con lo que tenés, tenés que amañarte. Es tan lindo... andamos tan de paso que tenemos que disfrutar.
— RC: Es imposible hablar con vos sin preguntar por tu hermano, el gran pintor Rodolfo Insaurralde. ¿Cuál es tu respuesta cuando lo nombramos?
— Insa: Con respecto a Rodolfo, sí te voy a decir que me quedó una cuenta pendiente. Murió muy joven.
Nosotros éramos muy pobres y decíamos: "En algún momento vamos a disfrutar". Hicimos muchas cosas juntos de chicos. Por ejemplo, él hacía sus pinturas y yo, como buen comerciante que era, salía y las vendía. Después hacíamos artículos en los cuales él pintaba algo y yo, que con la madera lo aprendía todo, me ponía a cortar la madera con una sierra finita. Aprendí a cortar y hacíamos esas artesanías. En ese entonces se usaba la marca Sara Kei, y también hacíamos unas guitarritas caladas en madera que decían "Recuerdo de Goya". Hacíamos percheros, hacíamos de todo...
III. Goya desde el Volante y los Sueños del Camino
La camioneta de fumigación estacionada en la vereda parece un testigo silencioso de miles de kilómetros recorridos por los barrios goyanos.
— RC: Todos te conocen... pero, ¿vos conocés a todos?
— Insa: Sí, por el trabajo ando por todos lados y la gente te va registrando. De hecho, también quiero agregar en esta nota un saludo para José "El Patalacaba", un tío hermano de mi mamá. Siempre que él tenía un emprendimiento nos invitaba a participar y nos enseñó a vender. Me acuerdo de cuando se hacían en Colonia Carolina las primeras Fiestas del Agricultor —no sé exactamente cómo se llamaba en esa época—, él nos llevaba y hacíamos tómbola. Mi mamá se hacía unos pastelitos, él los llevaba y poníamos un stand para vender los pastelitos de mamá, mientras él vendía sus cosas. Nosotros ayudábamos a que la gente juegue a la lotería familiar y les dábamos un premio. Él siempre estuvo ahí.
— RC: Pensando en tu trabajo, tu camioneta, tus recorridas y tu familia... ¿Qué tenés hoy para decirle a la vida?
— Insa: Yo toda la vida quise ser profesor de educación física o médico. No pude ser. Pero siempre dije: "Si no podés ser un pino en la cima de una colina, se el busto en el valle; si no puedes ser camino real, se atajo". Triunfarás por lo que eres, sino por ser lo mejor de lo que eres. Entonces, bueno, me tocó ser fumigador. Las condiciones no me dieron para ser médico; me preparé, pero no tuvimos los medios para mantenernos en Corrientes Capital. Y bueno, así fue la vida: fui fumigador, pero estudié para serlo, me recibí de Técnico en Higiene Industrial. Y esto me dio mucho. Entonces, ¿cómo no voy a estar agradecido? Lo único que le pido a la vida es tener tiempo, ese tiempo que no lo tuvo Rodolfo para disfrutar... para disfrutar un poquito más.
Los Miedos y el Mensaje a su Pueblo
— RC: ¿Tienes miedo de no poder cumplir o conseguir algo que te propusiste durante toda tu vida?
— Insa: Con gran alegría llevo mi trabajo. El salir a trabajar y ver gente me hace tan feliz. Me hace tan feliz ver a mis amigos, a la gente conocida... Hay mucha gente que, pobrecita, lleva una tristeza en la cara, pero vos con un saludo los estás poniendo contentos. Pero un saludo real, porque realmente yo lo doy desde el corazón. Fuera de trabajar, también me gusta pescar, me gusta pasear, me gusta hacer deporte y llevar una vida sana; eso me hizo muy bien. Toda la vida creo que le voy a seguir haciendo mientras pueda. Ya no puedo jugar al tenis porque me dio un dolor en la rodilla, bueno, pero me voy a hacer pesas, me voy a hacer bicicleta. Hay que seguir.
El sol de la tarde empieza a esconderse y el movimiento en la calle no para. "Insa" mira el asfalto, respira hondo y se acomoda para hablarle directamente a su gente.
— RC: El goyano que te aprecia y te quiere tanto te está leyendo en este momento. ¿Qué tenés para decirle como un mensaje, como un pedido o como una recomendación para estos tiempos?
— Insa: Gracias, Ramón, gracias por la nota. Y a los goyanos, que disfruten... disfruten de su trabajo, que mucha gente no lo puede hacer. Disfruten de la vida.
El eco de un grito amigo
Se acomoda los lentes, se sube a la camioneta y arranca el motor. "Insa" se va como llegó: repartiendo bocinas y saludos al viento, dejando una estela donde las penas parecen pesar un poco menos. Su hermano Rodolfo lograba el hiperrealismo perfecto con un pincel en la mano; él logra el milagro de la felicidad instantánea con un grito desde la ventanilla. Dos artistas de la misma sangre: uno que conquistó las galerías del mundo y otro que se adueñó, para siempre, de las veredas de Goya.
Por las dudas les recuerdo su nombre: RICARDO INSAURRALDE