Y también puede ocurrir lo contrario: alguien que se mueve mucho en su trabajo pero nunca realiza ejercicio estructurado.
Lo ideal es cumplir con ambas cosas: alcanzar los niveles recomendados de actividad física y reducir el tiempo que pasamos inmóviles.
Cuando hablamos de sedentarismo, muchas personas piensan automáticamente en obesidad.
Y es cierto que la falta de movimiento favorece el aumento de peso. Entre otras cosas porque gastamos menos energía y porque la actividad física ayuda a regular mecanismos relacionados con el apetito.
Por eso el sedentarismo está asociado a enfermedades como hipertensión, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, algunos tipos de cáncer, ansiedad y depresión.
Tu cuerpo fue diseñado para moverse
¿Te preguntaste por qué muchas veces nos resulta más fácil tirarnos en el sofá que salir a caminar o entrenar?
La respuesta tiene raíces evolutivas.
Durante la mayor parte de la historia humana, moverse era una necesidad para sobrevivir. Había que caminar, cazar, recolectar y realizar esfuerzos físicos para conseguir alimento.
Como consecuencia, nuestro cerebro desarrolló mecanismos para ahorrar energía siempre que fuera posible.
El problema es que el entorno cambió muchísimo más rápido que nuestra biología.
Hoy podemos pedir comida desde el celular, trabajar sentados y resolver gran parte de nuestras tareas sin movernos demasiado.
Seguimos teniendo un cerebro diseñado para ahorrar energía, pero vivimos en un entorno que ya no nos obliga a gastarla.
La estrategia más efectiva suele ser encontrar formas de movimiento que disfrutemos: caminar con amigos, entrenar en grupo, bailar, practicar deportes o realizar actividades que nos resulten entretenidas.
Lo que se disfruta, se sostiene.
El ejercicio sigue siendo la mejor medicina que conocemos
Muchas personas sedentarias creen que sentirse cansadas, rígidas, con dolores frecuentes o con poca energía es parte normal de la vida adulta.
Pero muchas veces no es la edad la que está hablando. Es la falta de movimiento.
La buena noticia es que el cuerpo responde sorprendentemente rápido cuando volvemos a usarlo.
No hace falta empezar corriendo una maratón ni pasar horas en un gimnasio.
Hace falta empezar.
Caminar más.
Moverse más.
Entrenar un poco.
Acumular pequeñas victorias.
Porque el ejercicio físico sigue siendo una de las herramientas más poderosas que tenemos para mejorar nuestra salud, nuestra calidad de vida y nuestra longevidad.
"La vida es como andar en bicicleta. Para mantener el equilibrio debes seguir moviéndote."
— Albert Einstein