En Argentina, la educación obligatoria dura 14 años, cada provincia adapta parte de sus contenidos y los estudiantes pueden aprender desde música folclórica local hasta organización ciudadana a través de sus propios centros escolares. Emanuel Blanco, profesor universitario, abogado y gestor educativo en Corrientes, explica las diferencias y similitudes con España.

A simple vista, el sistema educativo argentino puede parecer muy parecido al español. Hay educación inicial, primaria, secundaria y estudios superiores. Pero basta escuchar a Emanuel Blanco —profesor universitario, abogado especialista en Derecho Administrativo, concejal y gestor educativo, así como representante de la Fundación Ágora— para descubrir que allí la escuela tiene una personalidad muy marcada: es federal, diversa y está profundamente ligada al territorio.
Emanuel vive en Goya, una ciudad de Corrientes, una provincia del interior de Argentina. Y desde allí resume una de las claves del modelo: en su país, la educación no se decide de forma uniforme desde un único centro. "La competencia propia de educación y la administración de la educación pertenece a las provincias", explica. Es decir, la nación fija unas bases comunes, pero cada provincia tiene mucho margen para organizar sus contenidos, gestionar sus instituciones y adaptar la enseñanza a su propia realidad.
Un sistema educativo donde cada provincia cuenta
La comparación con España resulta inevitable. Aquí también existe descentralización educativa a través de las comunidades autónomas. Pero, según Emanuel, el origen jurídico es distinto: en Argentina las provincias tienen competencias propias, mientras que en España las comunidades autónomas las asumen a través de la Constitución, los estatutos y las leyes estatales.
En la práctica, eso significa que la educación argentina cambia mucho de una provincia a otra. La nación establece los llamados núcleos de aprendizaje prioritarios, una especie de suelo común para todo el país. Pero después cada provincia desarrolla su propio currículo. Y, en algunos casos, incluso los colegios pueden adaptarla a su entorno más cercano.
“Cada provincia tiene su currículo propio”, resume Blanco. En Corrientes, por ejemplo, los alumnos pueden estudiar la historia de su municipio, la geografía de su provincia, la producción local o las tradiciones culturales de su entorno. La escuela no solo enseña el país: también enseña el lugar exacto en el que uno vive
Catorce años obligatorios y un camino flexible
En Argentina, la educación obligatoria dura 14 años: dos de nivel inicial, seis de primaria y seis de secundaria. Aunque, como casi todo en este sistema, la organización puede variar según la provincia. En algunas, la primaria dura siete años y la secundaria cinco. En otras, como Corrientes, se mantiene el esquema de seis y seis.
¿Y qué ocurre si un alumno se muda de una provincia a otra? Se realiza una nivelación. El estudiante no empieza de cero, sino que entra en el curso que le corresponde y se adapta durante un tiempo al currículo de su nueva provincia.
Además, existen itinerarios con un año más de duración. Es el caso de las escuelas técnicas y de las Escuelas de la Familia Agrícola, conocidas como EFAs. En estos centros, los alumnos terminan con una titulación técnica, algo especialmente útil en zonas productivas o rurales.
Más allá de ciencias y letras
Una de las diferencias más llamativas respecto a España aparece en la secundaria.
En Corrientes, por ejemplo, en cuarto año los estudiantes eligen una modalidad. Pero no se trata simplemente de escoger entre ciencias o letras, sino que las opciones son mucho más concretas: Economía y Finanzas, Humanidades, Biología, Tecnología, Agro, Comunicación o Arte, entre otras.
Quien elige Economía estudia materias como Contabilidad, Geopolítica o Derecho. Quien opta por Humanidades puede cursar Filosofía, Sociología, Antropología o Historia. La intención, explica Blanco, es orientar al estudiante hacia lo que vendrá después: la educación superior, la formación técnica o el mundo laboral.
La escuela rural donde se aprende también en casa
Entre las propuestas más singulares están las EFAs, las Escuelas de la Familia Agrícola. Funcionan especialmente en zonas rurales y siguen una pedagogía de alternancia inspirada en el modelo francés. Los alumnos viven un tiempo en la escuela y después regresan a sus hogares para aplicar lo aprendido en su propio entorno familiar y productivo.
“Ellos aprenden una parte en la institución educativa y otra parte en sus hogares”, explica Emanuel. No se trata solo de estudiar en un aula, sino de conectar la formación con la vida real de las familias, el campo y la producción local.
Que nadie se quede fuera
Si hay un valor que Emanuel Blanco identifica con claridad en la educación argentina es el acceso. "Lo que más interesa en Argentina es justamente garantizar el derecho a la educación”, afirma. Durante años, recuerda, existieron programas para que quienes habían quedado fuera del sistema pudieran terminar la primaria o la secundaria.
Lo que más interesa en Argentina en garantizar el derecho a la educación
Uno de los más conocidos fue el Plan Fines, que permitía estudiar en espacios que no siempre eran colegios: clubes de barrio, sedes vecinales o incluso iglesias. La lógica era sencilla: si algunas personas no llegan a la escuela, la escuela intenta llegar a ellas.
Cuatro horas de primaria, seis de secundaria
La jornada escolar también puede sorprender vista desde España. En Corrientes, la primaria común dura unas cuatro horas al día y la secundaria unas seis. Después, algunas modalidades añaden talleres, actividades de huerta, prácticas o educación física por la tarde.
Arte y Deporte son asignaturas obligatorias todos los años. Emanuel cree que deberían tener todavía más peso, especialmente por su papel en la expresión emocional y la salud mental de los adolescentes. Son, dice, espacios donde los chicos pueden expresarse, desahogarse y salir de la rigidez del aula tradicional.
La fiesta que organizan los estudiantes
Una de las grandes curiosidades del sistema argentino es la Fiesta del Estudiante. Existe una celebración nacional, pero también fiestas provinciales y municipales. Alrededor de ellas se organizan concursos, competiciones deportivas, muestras artísticas y actividades entre colegios.
Lo más interesante es que muchas veces son los propios alumnos quienes se encargan de prepararlo todo. “Son ellos los que organizan estas festividades”, cuenta Emanuel. Los estudiantes se reparten tareas de comunicación, finanzas, deporte u organización general. También participan los centros de estudiantes, elegidos por voto en cada colegio.
Emanuel Blanco, profesor universitario, reflexiona sobre la educación en Argentina: "Se educa desde el arraigo, se enseña a bailar chamamé y, en algunas provincias, el guaraní"
Los estudiantes se reparten tareas de comunicación, finanzas, deporte...
Hay campañas, representantes, propuestas, equipos de trabajo y coordinación entre instituciones. Para Emanuel, todo esto forma parte de la formación ciudadana: aprender a votar, organizarse, negociar y trabajar por los demás.
En estas celebraciones también se elige rey y reina, aunque con un papel simbólico. "Acá en América no dejamos mucho de lado las cuestiones monárquicas", bromea Blanco.
Guaraní, chamamé y orgullo local
Otra de las particularidades más atractivas del sistema argentino es el peso de la identidad local. En Corrientes, por ejemplo, hay una importante presencia de cultura guaraní. "Tenemos guaraní, tenemos otro idioma", explica Emanuel. En muchas instituciones se enseña esta lengua y existe una ley de educación guaraní que, según cuenta, avanza poco a poco.
También se estudia chamamé, la música tradicional correntina, declarada patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO. En clase de música, los alumnos aprenden a reconocerlo, bailarlo y conocer a sus grandes referentes. “En la materia música en los colegios, damos sí o sí chamamé”, cuenta.
Para Emanuel, todo eso resume una idea central: “Se educa desde el arraigo también de cada provincia”. La escuela no es solo un lugar donde se aprenden matemáticas, lengua o historia nacional. También es un espacio donde se preserva la memoria, la lengua, la música y la cultura de cada territorio.
El plurilingüsmo, materia pendiente
Al comparar con España, Emanuel Blanco ve muchas similitudes en la estructura general y en las asignaturas comunes. Pero destaca dos puntos fuertes del sistema español. El primero, la Formación Profesional, que considera "mucho más consolidada" como vía de acceso al empleo. Cree que en España existe una conexión más desarrollada con las empresas, las prácticas y el mercado laboral.
El segundo es el plurilingüismo. Para él, la existencia de comunidades autónomas con lenguas propias es una riqueza educativa. En Argentina, en cambio, la mayoría de colegios tiene un solo idioma extranjero, normalmente inglés, aunque antes podían encontrarse francés, portugués u otras opciones según la provincia.
Un docente que se adapta
La conversación termina con una reivindicación del profesorado argentino. Emanuel Blanco destaca su capacidad para adaptarse a contextos muy distintos: del norte al sur del país, de una ciudad a una zona rural, de una escuela común a una comunidad de pueblos originarios.
“El docente argentino tiene esa capacidad de poder adaptarse", afirma. Para él, esa flexibilidad es una de las grandes virtudes del sistema. Un sistema complejo, desigual según la provincia, pero también muy rico en diversidad.