Por Ramón Cavalieri - Camina entre nosotros como fantasmas de otra época. Rostros que vemos todos los días en Goya, pero que, por prejuicio, o por miedo, elegimos no mirar. Él es uno de ellos. Un bohemio de camisa prolija, caminata parsimoniosa de tarde y un café con leche y media luna siempre en la misma mesa. Muchos en el pueblo lo creen enfermo porque jamás habla con nadie; lo envuelve un aura mística. Sin embargo, todos lo quieren. Foto gentileza