Lunes, 13 de Marzo de 2017 16:25

EDUARDO VAN DER KOOY: "Papeles que se le queman a Macri"

Por Eduardo van der Kooy - Clarín.- A Mauricio Macri se le han amontonado los problemas. Atraviesa un atascamiento mientras se instala el tiempo electoral. Podrían mencionarse tres disyuntivas: cierta disfunción en la cima del sistema de poder; la incertidumbre sobre la estrategia política general desarrollada hasta ahora; el ostensible endurecimiento opositor reflejado en protestas callejeras y huelgas. El peronismo, sindical y partidario, aparece como actor principal.


El Presidente volvió a manifestar la semana pasada disconformismo con la marcha de la gestión. Sobre todo por el incumplimiento de plazos. Se escuchó de su parte una interpelación a los ministros coordinadores, Gustavo Lopetegui y Mario Quintana por planes de vivienda. Requiere resultados para exhibir que no necesariamente tengan relación con los números morosos de la economía. Los únicos que le arrancaron una sonrisa fueron Guillermo Dietrich, el ministro de Transporte, que permitió anunciar el inicio de las líneas aéreas de bajo costo, y Javier González Fraga, el titular del Banco Nación, con el lanzamiento de una línea de créditos hipotecarios a 30 años.


Quizás lo que haya quedado bajo la lupa sea el complejo modelo de administración que ideó el Presidente. Lopetegui y Quintana tienen mucho que atender sólo en el area económica, segmentada en seis o siete unidades, según se cuente a Oscar Aguad, del Ente Nacional de Comunicaciones (ENACOM) dentro de esa zona.


Macri empieza a descubrir un problema en ese parcelamiento. No refiere a las decisiones, que él mismo supervisa. Apunta a la comunicación también partida. Nicolás Cabrera, el ministro de Producción, hizo un esfuerzo para contrarestar las cifras de los males económicos que sirvieron de plataforma para el paro de los docentes y la multitudinaria protesta callejera de la Confederación General del Trabajo (CGT). Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda, insiste con los supuestos de una reactivación. A Ricardo Buryaile le queda la misión más sencilla: comunicar el repunte agro-industrial que no forma parte de ningún relato.


Aquellas voces oficiales dispersas pierden potencia cuando planean sobre la opinión pública. Tampoco logran competir con el efecto de un mensaje de la oposición crítico y compacto. El macrismo es derrotado, de ese modo, en el terreno que tantas veces supo ganar. Algunos oficialistas señalan que la ausencia de una voz dominante y con autoridad en la economía atentaría contra esa posibilidad. Otros aconsejan hurgar alternativas: ¿Por qué los representantes de los sectores económicos donde hay mejoras no las comunican?. ¿Por qué motivo delegar esa tarea sólo en el poder?. Por el momento suponen que habría que sacarle mayor provecho al presente del campo. Sin sonrojarse afirman que el Gobierno debiera tomar nota de algo que dejó el comportamiento kirchnerista: fueron muchas veces las cámaras empresarias, de la pequeña y mediana industria, las que acompañaron a coro las épocas de bonanza del consumo.


Al desacople entre la coordinación, los resultados y la comunicación se añade otro incordio, también de fondo. Existen presupuestos sobre los cuales el Gobierno cabalgó durante 15 meses que han empezado a flaquear. El macrismo se encantó con los presuntos nuevos paradigmas que habría incorporado la sociedad después del fin del ciclo kirchnerista. Nunca supo explicar bien de que se trata. Aunque alcanzó para fundamentar la expectativa social, mas allá de la actualidad difícil, que se mantuvo en torno a Macri. Jaime Durán Barba, el inspirador ecuatoriano, se encarga de mostrar al ingeniero como el mandatario mejor ponderado en una región inestable. Ese cuadro no ha cambiado de manera sustancial. Pero el Presidente y su Gobierno, en este inicio del 2017, dejaron de ser impermeables.


Los papeles de aquellos paradigmas se quemaron cuando Durán Barba y otros encuestadores que trabajan para el Gobierno desnudaron la nueva realidad. El escándalo del Correo y las fallas de gestión –focalizadas en el area económica-- han dañado la imagen presidencial. Traducido: un episodio con tufillo de corrupción --conflicto de intereses-- y la falta del dinero básico en el bolsillo produjeron un repliegue popular. Fenómenos tan trillados como la política misma. Desaire para aquella teoría de los nuevos paradigmas. Quizás tal decepción explique por qué Marcos Peña, el jefe de Gabinete, enfrentó la protesta de la CGT con una cadena de tuits extraídos de los textos tradicionales de la política.


Aquella corroboración de papeles chamuscados llega en un momento inoportuno. Faltan apenas seis meses para las internas abiertas; la oposición ha mutado su estado crítico en agresivo. Casi con certeza será el tono de la campaña. El macrismo estaría intentando un reseteo. La protesta de la CGT enfiló contra Macri. La prolongada huelga docente en Buenos Aires contra María Eugenia Vidal. El activo político más importante que atesora el macrismo. Casi un juego de pínzas sobre una realidad que se presta como caldo de cultivo. ¿Alguien puede negar la insuficiencia de los salarios docentes?. ¿Alguien podría desconocer el padecimiento de vastos sectores sociales?. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA informó que entre 2015 y 2016 el número de pobres en la Argentina pasó del 29% al 32,9%. Un millón y medio mas de personas en quince meses. Trece millones de habitantes en el conteo total.


Ante tamaña desolación no puede soslayarse una diferencia. El gobierno de Macri asume su cuota de responsabilidad por el desastre. Parece enfrentarlo a tientas. El kirchnerismo sigue sin decir nada sobre el tercio de pobres que arrojó la “década ganada”. Sólo critica desde la tribuna opositora. En junio del 2015 Cristina Fernández había anunciado ante la FAO, en Roma, que la pobreza en la Argentina estaba por debajo del 5%. En marzo del mismo año, el entonces ministro Axel Kicillof había dicho que la pobreza no se medía porque era estigmatizante. La impunidad es la moneda corriente de la política argentina.


La mayor dificultad, en este contexto, la atraviesa Vidal y su dura puja con los docentes. Buenos Aires no es sólo el principal distrito electoral. Del resultado de esa geografía dependerá en octubre la interpretación de un éxito o fracaso del Gobierno. La huelga no es indiferente ni a su figura ni a su capital. Divide hoy exactamente por mitades la postura de los ciudadanos bonaerenses. El macrismo mide a diario tal progresión. La gobernadora no puede ceder económicamente lo que la provincia no posee. Tampoco está en condiciones de tolerar que se prolongue sin fecha la ausencia de los alumnos en las aulas. Se trata de un equilibrio esquivo.


El contraste de su figura con la del sindicalista Roberto Baradel podría significar sólo una táctica de alcance corto. El titular de SUTEBA tiene una mala ponderación en la opinión pública. Pero le interesa poco. Su objetivo sería afianzarse en la conducción de su gremio de 67 mil afiliados, acuciado por la izquierda. Desde ese lugar aportaría a la pelea electoral del kirchnerismo en Buenos Aires.


El tablero es muy diferente para Vidal. La gobernadora consolidó su figura desde que dió el año pasado el batacazo en base a decisiones –sobre todo ligadas a la policía bonaerense-- que conectaron con el interés social. Su posible declinación (la imagen descendió 4 puntos pero conserva la mejor puntuación nacional) podría acarrear perjuicios al oficialismo: está llamada a ser el sostén de la campaña macrista bonaerense; después de octubre, cualquiera sea el resultado, le restará todavía la mitad de la gestión.


La gobernadora afronta el conflicto docente bajo la sombra tenaz de la política. Baradel resultó convocado a la primera negociación el 3 de febrero. Se ocupó de dilatar los tiempos. Cuando al final se sentó con los ministros de Educación, Trabajo y Economía de la provincia ya había dispuesto el paro. Repitió el mecanismo la semana pasada. Un año atrás, a lo mejor, habría tenido menos plafón en el arco opositor de Buenos Aires. Pero se vota en octubre: el Frente Renovador se hace el distraído, los intendentes peronistas del grupo Esmeralda tampoco ayudan, el kichnerismo atiza desde La Matanza el pleito todo lo que puede.


Macri necesita cerrar ese frente. Tiene abierto otro de mayor envergadura planteado por el mundo sindical. No existe margen para que la debilitada conducción de la CGT desista de declarar el paro general para abril. Después habría que observar el destino de esa conducción colegiada que componen Héctor Daer, Carlos Acuña y Juan Carlos Schmid. Los viejos caciques, entre ellos Hugo Moyano, estiman que sería saludable reponer un liderazgo centralizado. Como el que ejerció el propio camionero. Si ocurre este año constituirá otra complejidad inesperada para el Gobierno.


El Presidente contó con dos sustentos en su primer año de gobernabilidad: el sindicalismo peronista y la oposición en el Congreso. Esa cooperación se evaporará hasta después de las legislativas. También se distancian los movimientos sociales. Quizás el macrismo haya pecado de alguna ingenuidad. Supuso que con la sanción y reglamentación de la Ley de Emergencia Social, que incluye la cesión progresiva de fondos millonarios, contentaría a esas organizaciones. Participaron, sin embargo, de la protesta cegetista. Esta semana repetirán los piquetes callejeros.


En octubre se disputa un poco del poder. Que podría abrir o cerrar puertas para las presidenciales del 2019. No habría, según la perversa lógica política, por qué esperar contemplaciones.

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